Por otro lado, buena parte de la administración y de los cuadros del ejército se mantiene belga, por lo cual Lumumba decreta la africanización del ejército y la tropa se rebela en contra de sus oficiales y del estado mayor. El desorden resultante, da paso a graves actos de violencia. El imperialismo belga y norteamericano, mientras tanto, interesados en mantener acceso a la riqueza mineral del país, promueven la escición de la provincias de Katanga y Kasai del Sur. Lumumba responde con obtener el apoyo de la URSS. La ONU envia tropas en un intento de apaciguar la crisis.
En septiembre el presidente congoleño, J. Kasavubu, busca destituir ilegalmente a Lumumba del puesto de Primer Ministro. Lumumba recibe el apoyo del parlamento, quien ordena la dimisión de Kasavubu, pero el ejército lanza un golpe militar el 14 de septiembre y es Lumumba quien es puesto en arresto domiciliario bajo custodia de tropas de la ONU.
Al poco tiempo, Lumumba logra huir y la CIA norteamericana ordena su asesinato. Perseguidos por los militares locales y belgas, y la CIA, Lumumba y sus ministros son detenidos en la localidad de Mweka el 1ro de diciembre de 1960. El 17 de enero de 1961 fue transferido, maniatado, amordazado y sangrando por las golpizas sufridas, a la provincia de Katanga, entonces indirectamente bajo control belga. Esa noche, Lumumba y sus companeros fueron fusilados en presencia de autoridades militares congoleñas y sus asesores belgas y norteamericanos, y sus restos supuestamente despedazados y disueltose en acido sulfurico. Patrice Émery Lumumba fue el único jefe de estado libremente elegido en la RDC hasta el año 2006.
1960: Discurso en la ceremonia de proclamación de la Independencia del Congo Hombres y mujeres del Congo
Victoriosos luchadores de la independencia, Los saludo en nombre del gobierno congolés.
Les pido a todos ustedes, amigos míos, quienes pelearon incansablemente en nuestras filas, marcar este 30 de junio de 1960, como una fecha ilustre que quedara por siempre grabada en sus corazones, una fecha cuyo significado le explicarán orgullosamente a sus hijos, para que ellos en su momento les puedan contar a sus nietos y bisnietos la gloriosa historia de nuestra lucha por la libertad. Aunque esta independencia del Congo está siendo proclamada hoy en acuerdo con Bélgica, un país amistoso, con el que estamos en igualdad de términos, ningún congolés olvidará que la independencia se ganó en lucha, una lucha perseverante e inspirada que ocurrió en el día a día, una lucha, en la qué no nos intimidamos por la privación o el sufrimiento y no escatimamos fuerza o sangre. Estuvo llena de lágrimas, fuego y sangre. Estamos profundamente orgullosos de nuestra lucha, porque era justa y noble e indispensable para poner fin a la humillante esclavitud que nos fue impuesta.
Esa fue nuestra suerte durante los ochenta años de dominio colonial y nuestras heridas están muy frescas y son demasiado dolorosas para ser olvidadas. Hemos experimentado trabajo forzoso a cambio de una paga que no nos permitía satisfacer nuestra hambre, vestirnos, tener alojamiento decente o criar a nuestros hijos como seres amados.
Mañana, tarde y noche éramos sometidos a burlas, insultos y golpes porque éramos “Negros”. ¿Quién podrá olvidar que el negro era tratado como “tú”, no porque fuera un amigo, sino porque el respetuoso “usted” estaba reservado para el hombre blanco? Hemos visto nuestras tierras confiscadas en nombre de leyes aparentemente justas, que daban reconocimiento sólo al derecho de la fuerza. No hemos olvidado que la ley nunca fue la misma para el blanco y para el negro, que era indulgente para unos, y cruel e inhumana para los otros. Hemos experimentado sufrimientos atroces, hemos sido perseguidos por convicciones políticas y creencias religiosas, y exiliados de nuestra tierra natal: nuestra suerte fue peor que la muerte misma.
No hemos olvidado que en las ciudades las mansiones eran para los blancos y las chozas en ruinas para los negros; que un negro no era admitido en los cines, restaurantes y tiendas reservadas para los “europeos”; que un negro viajaba en el compartimento, bajo los pies de los blancos en sus cabinas de lujo. ¿Quién podrá olvidar los tiroteos que mataron a tantos de nuestros hermanos, o las celdas en las que eran arrojados sin piedad aquéllos que no estaban dispuestos a someterse por más tiempo al régimen de injusticia, opresión y explotación usado por los colonialistas como herramienta de su dominación? Todo eso, hermanos míos, nos trajo un sufrimiento indecible. Pero nosotros, que fuimos elegidos por los votos de sus representantes, representantes del pueblo, para guiar a nuestra tierra natal, nosotros, que hemos sufrido en cuerpo y alma la opresión colonial, nosotros les decimos que de ahora en adelante todo eso está terminado.
La República del Congo ha sido proclamada y el futuro de nuestro amado país está ahora en las manos de su propio pueblo. Hermanos, comencemos juntos una nueva lucha, una lucha sublime que llevará a nuestro país hacia la paz, prosperidad y grandeza. Juntos estableceremos justicia social y aseguraremos para cada hombre una remuneración justa por su trabajo. Le mostraremos al mundo lo que el hombre negro puede hacer cuando trabaja en libertad, y haremos del Congo el orgullo de África. Vigilaremos que las tierras de nuestro país nativo realmente beneficien a sus hijos. Revisaremos todas las viejas leyes y las convertiremos en unas nuevas que sean justas y nobles.
Detendremos la persecución del libre pensamiento. Vigilaremos que todos los ciudadanos disfruten en toda su extensión las libertades básicas previstas por la Declaración de Derechos Humanos. Erradicaremos toda discriminación, cualquiera que sea su origen, y aseguraremos para todos un paso por la vida adecuado a su dignidad humana y que corresponda a su trabajo y su lealtad con el país. Instituiremos en el país una paz basada no en las armas y las bayonetas sino en la concordia y la buena voluntad.

Les pido a todos que entierren sus riñas tribales: nos debilitan y pueden hacer que nos desprecien en el exterior. Les pido a todos que no retrocedan ante cualquier sacrificio por el bien de asegurar el éxito de nuestra gran empresa. Finalmente, les pido incondicionalmente que respeten la vida y propiedad de los ciudadanos y extranjeros que se han asentado en nuestro país; si la conducta de estos extranjeros deja mucho que desear, nuestra Justicia los expulsará pronto del territorio de la república; si, por el contrario, su conducta es buena, deben ser dejados en paz, pues ellos, también, están trabajando por la prosperidad de nuestro país La independencia del Congo es un paso decisivo hacia la liberación del continente africano entero. Nuestro gobierno, un gobierno de unidad nacional y popular, servirá a su país. Hago un llamado a todos los ciudadanos congoleños, hombres, mujeres y niños, para que adopten con resolución la tarea de crear una economía nacional y asegurar nuestra independencia económica.
¡Gloria eterna a los luchadores de la liberación nacional!
¡Viva la independencia y la unidad africana!
¡Viva el Congo independiente y soberano!
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