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Las purgas en el PC (b) de la URSS durante la década de 1930



Las purgas o expulsiones del Partido Comunista soviético durante la década de 1930 es el tópico favorito de los propagandistas burgueses. El problema es retomado de tiempo en tiempo en los medios de comunicación burgueses que le dan al público historias falsas y ajenas a la verdad sobre las purgas, los juicios políticos y la Unión Soviética de ese periodo. Su propósito es difamar al socialismo y a la Unión Soviética para así desmotivar a los obreros de escuchar a los comunistas, de tal manera que acepten al capitalismo como algo eterno. Es por esto que es importante difundir la verdad sobre este capítulo de la historia de la Unión Soviética para contrarrestar las mentiras burguesas así como para entender las dificultades que enfrentaron los Bolcheviques durante el periodo revolucionario de transición.

Hechos acerca de la década 1930

Comencemos dándole al lector una imagen de la Unión Soviética en la década de 1930, década decisiva en su historia. Entre otras cosas, en la década de los 1930 fue cuando se realizaron los dos primeros planes quinquenales y cuando se llevó a cabo la colectivización de la agricultura. El ingreso nacional aumentó de 29 millones de rublos en 1929 a 105 millones en 1938: un aumento de 360 por ciento en 10 años. ¡Un logro único en la historia de la industrialización!

Durante la década de 1930, la producción de la Unión Soviética creció a un grado sin precedentes. A comienzos de 1930, el valor total de la producción industrial fue de 21 millones de rublos. Ocho años después, sin embargo, sobrepasó los 100 millones de rublos (ambas cifras a precios de 1926-27). ¡La producción industrial del país aumentó casi cinco veces en ocho años! A principios de 1930, el área sembrada con cultivos de varios tipos era de 118 millones de hectáreas. En 1938 alcanzó las 136,9 millones de hectáreas. Al mismo tiempo, se había completado la colectivización de la agricultura, superándose grandes problemas relacionados con la colectivización y la modernización. A principios de 1930, la Unión Soviética tenía 34.900 tractores; sin embargo, en 1938 contaba con 483.500. El número de tractores había aumentado casi catorce veces en ocho años. Durante este mismo periodo, el número de cosechadoras aumentó de 1.700 a 153.500 y el número de segadoras de 4.300 a 130.800.

Magnitud de las “represiones estalinistas”

Prácticamente todas las publicaciones que tratan sobre la cantidad de víctimas de la represión pueden clasificarse en dos grupos. El primer grupo está formado por las “obras” de los destapadores del “régimen totalitario”, los cuales anuncian cifras astronómicas multimillonarias de fusilados y encarcelados. En este contexto los “buscadores de la verdad” de forma persistente “no ven” los documentos de los archivos, incluyendo a los ya publicados, haciendo notar estos archivos como si no existieran. Para basar sus cifras sobre alguna fuente, ellos se citan unos a otros, o simplemente se limitan con frases tipo “según mis estimaciones”, “estoy convencidísimo”, y etc. Pero cualquier investigador serio que comienza a estudiar este tema, enseguida se da cuenta de que aparte de los “recuerdos de los testigos” existen fuentes documentales: “En los fondos del Archivo Central Estatal de la Revolución de Octubre, en los archivos de los órganos del poder superior y en los órganos del poder de la dirección suprema de la URSS (TsGAOR URSS) existen varios miles de paquetes de documentos, los cuales reflejan la actividad del GULAG” {1}. Tras haber analizado estos documentos, este investigador queda sorprendido al ver que las magnitudes de las represiones, las cuales nosotros “conocemos” gracias a los medios de comunicación, no solamente no tienen nada que ver con realidad, sino que además están infladas decenas de veces. En esta situación el historiador queda con un doloroso dilema: su ética profesional le exige publicar los datos encontrados, pero por otro lado, hay que tener cuidado para que no le tachen de “defensor de Stalin”. Como resultado, el historiador encuentra un compromiso, publicando un artículo que contiene una serie de epítetos antistalinistas estándar y reverencias en honor a Solzhenitsyn y Co; al mismo tiempo publica los datos sobre represiones, los cuales, a diferencia del primer grupo de “historiadores”, no están sacados de la manga sino confirmados por los documentos de los archivos.

Stalin sobre el culto a su personalidad

















Seguimos con el tema del culto a la personalidad de Stalin, ese absurdo invento de los enemigos del socialismo que lo ponen de dictador para arriba, a la altura del mismísimo canijo bigotón. En este caso, es el mismo Stalin el que ridiculiza ese supuesto culto, al ser contrario al marxismo-leninismo. Comenzamos:

- Junio de 1926: “Debo decir sinceramente, camaradas, que no me merezco ni la mitad de las cosas lisonjeras que se han dicho aquí de mí. Soy, al parecer, un héroe de la Revolución de Octubre, el líder del Partido Comunista Soviético, el líder del Comunismo Internacional, un caballero-guerrero legendario y todo lo demás. Esto es absurdo, camaradas, y la exageración completamente innecesaria. Este es el tipo de cosas que por lo general se dicen en el funeral de un revolucionario difunto. Pero no tengo ninguna intención de morirme todavía. En realidad yo era, y continúo siendo, uno de los aprendices de obreros especializados de los talleres de ferrocarril de Tiflis.” (J. V. Stalin; Obras, Volumen 8; Moscú, 1954; p.182)

- Octubre de 1927: “¿Y quién es Stalin? Stalin es solo una figura menor.” (J. V. Stalin: Obras, Volumen 10; Moscú 1954; pg.177)

- Diciembre de 1929: “Vuestras felicitaciones y saludos únicamente los merece el gran Partido de la clase obrera que me dio luz y me crió a su propia imagen y semejanza. Y solamente porque lo merece nuestro glorioso Partido Leninista, me atrevo a daros mi agradecimiento como bolchevique.” (J. V. Stalin: Obras, Volumen 12, Moscú 1955, pg. 146)

Cuestiones sobre Stalin de Carlos Hermida

La figura de Stalin ha sido objeto de todo tipo de descalificaciones y ferozmente criticada cualquier faceta de su actividad política. La mayoría de historiadores le consideran una especie de encarnación del Mal equiparable a Hitler, Sin embargo, un análisis desapasionado de su obra ofrece luces y sombras. Excepto aquéllos que ven la Historia con anteojeras doctrinales, nadie negará el inmenso desarrollo económico, científico y cultural que experimentó la URSS en los años treinta gracias a los planes quinquenales impulsados por Stalin. Y tampoco es posible ignorar el trascendental papel que jugó la Unión Soviética en la derrota del nazismo durante la Segunda Guerra Mundial. Junto a estos éxitos y logros también existe la cara sombría de la represión contra el propio partido bolchevique. Lo que pretendemos en este trabajo es enfocar algunos aspectos de la política "estalinista" desde un ángulo diferente al que generalmente nos ofrecen los libros de historia, apuntando la necesidad de una reinterpretación histórica de Stalin, alejada de los tópicos y lugares comunes habituales en la historiografía sobre el tema. No se trata de justificar nada, sino de mostrar que las cosas son más complejas de lo que algunos interesadamente nos quieren hacer creer. Difícilmente encontraremos un dirigente político relevante, salvo el caso de Hitler, que haya sido objeto de una condena tan unánime por una mayoría de historiadores como lo ha sido Stalin. Su persona y su gestión política entre 1929, fecha en que ya se ha impuesto sobre sus adversarios políticos, y 1953, año de su muerte, han merecido los peores calificativos. No ha quedado ni una sola parcela de su gobierno que no haya sido juzgada con los términos más gruesos y la más absoluta de las descalificaciones. Desde la ayuda a la España republicana durante la Guerra Civil hasta el Pacto germano-soviético, pasando por los planes quinquenales y la colectivización de la agricultura, todo es considerado como una política pérfida y criminal fruto de una personalidad sádica y paranoica. Una condena que no sólo proviene de las filas de la burguesía, sino que en ella coinciden anarquistas, trotskistas y socialistas, quienes al parecer consideran a Stalin una especie de encarnación del Mal al que se le atribuyen todas las derrotas del movimiento obrero entre las dos guerras mundiales.

La autoridad de Stalin


















¿Cuáles son los rasgos característicos que definen la autoridad de Stalin, que han edificado esta fuerza, este amor popular, esta influencia reconocida por todos, con la cual lograba conseguir lo imposible, construir una obra histórica épica? Vamos a intentar enumerar brevemente los principales rasgos que caracterizan a Stalin, a través de los testimonios de sus más cercanos colaboradores, camaradas y amigos, tal como lo veían y lo han descrito. Hemos distinguido los rasgos siguientes: 1. Conocimiento profundo del marxismo-leninismo; 2. Devoción a la revolución, al socialismo y a los intereses de los trabajadores; 3. Principios inquebrantables; 4. Una lógica de hierro, un gran intelecto, espíritu clarividente y lenguaje comprensible; 5. Decisión, firmeza y exigencia sin compromisos; 6. Talento organizador colosal; 7. Capacidad excepcional de trabajo; 8. Simplicidad y modestia en el trabajo, en su modo de vida, en sus relaciones con la gente.

1. Conocimiento profundo del marxismo-leninismo

Desde su más temprana edad, Stalin toma conocimiento del marxismo-leninismo. Stalin dice de sí mismo: «entré en la lucha revolucionaria a los 15 años, cuando me puse en contacto con los grupos marxistas rusos que se encontraban en el Cáucaso. Estos grupos tuvieron una gran influencia sobre mí, y me despertaron el gusto por la literatura marxista clandestina». [180]

Y su compañero de escuela, Shota Ivanovich Kvantaliani, escribe: «Cuando era alumno en el seminario, Stalin copió a mano «El Capital» de Marx, porque no teníamos más que un ejemplar». [181]

Según un proverbio latino, «quien escribe, lee dos veces». Es así como Stalin estudió «El Capital» de Marx. Y más tarde, participando en las luchas revolucionarias, transformándose en un revolucionario profesional, estudió las obras del marxismo-leninismo, así como las teorías de filósofos burgueses y, particularmente, trabajos históricos. Sus seis deportaciones a Siberia, donde estudió a los clásicos, le fueron tan beneficiosas como seis universidades. Molotov escribe: «Stalin leía mucho, mostraba interés por temas diversos. Trabajaba mucho sobre sí mismo».[182]

Y también: «Stalin absorbía muy rápidamente las novedades, poseyendo una muy gran capacidad de aprendizaje». [183]

Stalin desarrolló y amplió temas importantes de la teoría marxista-leninista, prosiguió la obra de Lenin sobre las condiciones complejas de la edificación del socialismo. Esta edificación no era un acto espontáneo, se realizaba según un análisis concreto y profundo de las condiciones de la lucha de clases. Esto representa un desarrollo creador del marxismo-leninismo en las nuevas condiciones históricas.

Molotov escribe: «Stalin ha dejado una herencia histórica valiosa sobre la cuestión nacional, sobre la industrialización, sobre la colectivización, sobre la guerra. Se nos puede decir que la guerra no es una teoría, pero sí una práctica. No, no es sólo práctica. Stalin ha dejado muchos escritos sobre este tema. Veía lejos y hondamente». [184]

Poema de Miguel Hernandez para el camarada Stalin






















Rusia de Miguel Hernandez 

En trenes poseídos de una pasión errante
por el carbón y el hierro que los provoca y mueve,
y en tensos aeroplanos de plumaje tajante
 recorro la nación del trabajo y la nieve.

De la extensión de Rusia, de sus tiernas ventanas,
sale una voz profunda de máquinas y manos,
 que indica entre mujeres: Aquí están tus hermanas,
 y prorrumpe entre hombres: Estos son tus hermanos.

Basta mirar: se cubre de verdad la mirada.
 Basta escuchar: retumba la sangre en las orejas.
 De cada aliento sale la ardiente bocanada
 de tantos corazones unidos por parejas.

Ah, compañero Stalin: de un pueblo de mendigos
 has hecho un pueblo de hombres que sacuden la frente,
 y la cárcel ahuyentan, y prodigan los trigos,
 como a un inmenso esfuerzo le cabe: inmensamente.

De unos hombres que apenas a vivir se atrevían
 con la boca amarrada y el sueño esclavizado:
 de unos cuerpos que andaban, vacilaban,
 crujían, una masa de férreo volumen has forjado.