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La Unión Soviética: El primer país en que el aborto fue legal y gratuito


















En 1917 el proletariado tomó el poder en la Unión Soviética y empezó a construir una nueva sociedad socialista. Antes de la revolución las mujeres sufrían una horrible opresión. No era inusual que las mujeres fueran compradas y vendidas como esposas o sirvientas. Eran tratadas como bestias de carga en granjas y hacían trabajos denigrantes en talleres. La victoria de la revolución cambió de inmediato y por completo la vida de las mujeres. Las nuevas leyes despojaron a los hombres de los derechos sobre esposas e hijos, aseguraron el derecho al divorcio y establecieron salarios iguales para hombres y mujeres. El matrimonio ya no lo legalizaba la iglesia, sino una ceremonia civil. Las mujeres que daban a luz en hospitales no tenían que pagar nada. El aborto se descriminalizó y después se legalizó en 1920. Ya no se castigaba a las prostitutas y más tarde se eliminó la prostitución. Se abolió el matrimonio infantil, así como la compraventa de mujeres. Los lugares de trabajo permitieron que las mujeres se ausentaran por maternidad y aborto. Lenin, líder de la revolución rusa, dijo: "La experiencia de todo movimiento de liberación ha demostrado que el éxito de una revolución depende del grado de participación de la mujer".

El Capitalismo y la opresión de las mujeres

La feminista española Victoria Sau Sánchez escribió que “mientras una parte del feminismo se pregunta, individual y cómodamente recostada en el diván „¿quién soy yo?‟, y otra parte busca afanosamente la referencia necesaria para una nota a pie de página que acredite como fiable su trabajo (...), he aquí que el mundo revienta de pobreza: millones de criaturas, nacidas de mujer, se asoman a un modelo de sociedad que les reserva una cuna de espinas.” Esa cuna de espinas consideramos que es particularmente espinosa para la clase trabajadora y el pueblo pobre. Y entre sus integrantes, es especialmente espinosa para las mujeres. Entonces, la opresión -que podríamos definir como esa relación de sometimiento de un grupo sobre otro por razones culturales, raciales o sexuales, por la cual las mujeres no vivimos en condiciones de igualdad con los varones y no tenemos los mismos derechos- se vincula con las condiciones de la explotación, para millones de mujeres. Esto es, se vincula con su condición de clase, haciendo sus vidas mucho más “espinosas” que las de las otras mujeres e, incluso, que las de los hombres que viven bajo las mismas condiciones de explotación. Desde esta perspectiva, que incluye un análisis de la relación entre “género” y “clase”, es que nos inscribimos en la lucha por la emancipación de las mujeres, a la que no concebimos separada, ni anterior ni posterior a la lucha por la revolución socialista. En un primer momento, el concepto de “género” -acuñado al calor del movimiento feminista de las décadas del ‟60 y ‟70- pretendía dar cuenta de que esta diferencia entre hombres y mujeres, transformada en desigualdad jerarquizada en contra de estas últimas, era una construcción social. La desigualdad, entonces, se entendía como la consecuencia de un sistema patriarcal que establecía una determinada relación entre los sexos a los fines de la reproducción y que ponía en des-ventaja a las mujeres con respecto a los hombres.

Crisis y feminización de la pobreza

Si los derechos de la clase trabajadora nunca se regalaron en los países capitalistas, los derechos de las mujeres no son ninguna excepción. Los escasos e insuficientes derechos conquistados por la mujer tuvieron que ver, por un lado, con su lucha y, por otro, con la existencia de un bloque socialista, en el que las mujeres participaron desde el principio, consiguiendo una serie de derechos en materia laboral, social, familiar y de igualdad impensable en países capitalistas. Por poner algunos ejemplos: mujeres totalmente inmersas en el mercado laboral, salarios equiparados a sus compañeros varones según el principio "igual trabajo, igual salario", ayudas y prestaciones a la maternidad, amplia red de guarderías y espacios infantiles gratuitos y de amplio horario, socialización del cuidado de menores y personas dependientes, facilidades a la hora de decidir su relación familiar y su maternidad... cuestiones que colocaban a la mujer en un estatus mucho más avanzado del que contamos en la actualidad en los países capitalistas y que, tras el derrumbe del bloque socialista las colocaron, igual que a la mayor parte de la población de dichos países, en unas condiciones totales de miseria y pobreza, siendo las mujeres las más desfavorecidas. El derrumbe del bloque socialista no sólo afectó a aquellos países que habían disfrutado del socialismo, sino que también influyó enormemente en el resto de países. Las consecuencias para la clase obrera en general, y para la mujer en particular, han sido una pérdida gradual de derechos que influyen directamente en nuestras condiciones de trabajo y de vida.